Culminó el juicio seguido en contra de un instructor de una academia premilitar de Salta que había abusado sexualmente (y en más de una oportunidad) de una adolescente que era cadete en la Institución y que pertenecía a la clase del agresor. Todos los hechos de violencia sexual se habían producido en las instalaciones de la misma academia.
Desde ALFA ejercimos la representación de la víctima mediante la querella y enfatizamos el grado de profunda vulnerabilidad en la que se encontraba la víctima, solicitando una condena de 10 años por los delitos de abuso sexual agravados por ser el autor el responsable de la educación de la adolescente, quien además ejerció el delito de coacción sobre la misma.
A su vez, la lógica de mando y obediencia impartida desde la academia, a partir de la cual se tejían relaciones jerárquicas propias del ámbito militar (es decir, no solo una relación de profesor-alumno sino también de superior-subordinado), facilitó el sometimiento, el temor y el silencio de la víctima.
Y fue por medio de la intervención y escucha de un equipo perteneciente al plan ENIA (hoy desarticulado) que la joven tuvo la oportunidad de dar a conocer la grave situación que se encontraba viviendo, siendo ello el disparador para el develamiento y posterior denuncia de los hechos.
Como era de esperarse, diversos miembros de la escuela premilitar y progenitores que también enviaban a sus hijos a la misma academia, testificaron a favor del agresor poniendo en tela de juicio a la víctima por cuestiones secundarias que nada tenían que ver con los hechos de la causa, pero que se utilizaron para cuestionar la credibilidad de su relato.
Sin embargo, la prueba de la ocurrencia del abuso como del daño producido a la joven, fueron contundentes, logrando desbaratarse uno a uno los argumentos del acusado, al punto tal que la sentencia estableció la condena de 10 años peticionada por la querella (y no por la Fiscalía que había pedido 8 años y medio), condenado también al acusado al pago de una indemnización por daños y perjuicios en favor de la víctima.
Creemos que es un paso importante en la restitución de derecho y la dignidad de la joven que sufrió tan graves ultrajes dentro de un establecimiento educativo con formación militar (quedando en evidencia también la completa falta de contención y asistencia por parte de los miembros de la Institución) y agradecemos a todos los y las que colaboraron para que podamos llegar a esta instancia de esclarecimiento y reivindicación, tan necesario en el proceso de recuperación y empoderamiento de las víctimas de delitos sexuales.





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