Datos principales: (Registro Nacional de Femicidios, periodo 01/01/2026 — 27/02/2026):
* *43 víctimas fatales* de violencia de género.
* 35 femicidios directos.
* 5 femicidios vinculados.
* 1 travesticidio / transfemicidio.
* 2 casos en investigación por posible suicidio vinculado.
* *72* intentos de femicidio y femicidios vinculados (65 intentos de femicidio + 7 vinculados).
* *Al menos 23 niñas* quedaron sin su madre por femicidio en lo que va del año.
* *Denuncias y medidas previas:* 8 de las víctimas habían realizado denuncias previas; 5 registraban medidas judiciales.
* *Lugar físico del ataque (porcentaje sobre los casos con dato):* vivienda de la víctima 44,2 %; vía pública 23,3 %; vivienda compartida 23,3 %; vivienda del agresor 2,3 %; otros/sin datos 7,0 %.
Datos y material
Estas cifras que se mantienen nos obligan a reflexionar y persistir en la lucha:
El 8 de marzo no es —y nunca fué— una jornada de conmemoración festiva exenta de contenido político. Es una fecha que interpela: mide cuánto hemos avanzado, cuánto aún hay por transformar y qué tanto están en riesgo las conquistas que parecían irreversibles. Los números contenidos en el registro no son meros indicadores estadísticos: son vidas, familias rotas, niñeces que quedan sin cuidado, procesos judiciales pendientes y rutas de abandono institucional.
Desde una perspectiva técnica, las cifras muestran dos realidades que deben guiarnos en políticas públicas y prácticas profesionales: primero, la persistencia de la violencia en el ámbito doméstico (casi la mitad de los ataques ocurren en la vivienda de la víctima), lo que exige respuestas integrales que combinen prevención, protección y acompañamiento interinstitucional efectivo; y segundo, la brecha entre la denuncia y la protección real: denuncias previas y medidas judiciales no siempre implican seguridad. Esto obliga a revisar protocolos, tiempos de respuesta, acceso a alojamiento seguro y efectividad de las medidas cautelares. También exige invertir en registro, recolección de datos cualitativos y evaluación de impacto de las políticas implementadas.
Pero la reflexión técnica no puede ni debe estar desligada del dolor, la rabia y la esperanza que nos atraviesan como mujeres y como militantes. Cada derecho conquistado —desde la ley que protege hasta los servicios de acompañamiento y las políticas de género en la administración pública— fue producto de organización, resistencia y riesgo. Hoy, esos derechos vuelven a estar en la mira: retrocesos normativos, cuestionamientos públicos y la naturalización de discursos que minimizan la violencia o la encubren. No podemos naturalizar la pérdida de derechos como “evento administrativo”: es retroceso real que aumenta la vulnerabilidad de las personas más expuestas.
Por eso, el 8M es un llamado activo a la permanencia y a la inteligencia política:
* Permanecer firmes significa sostener demandas concretas —refugios, acceso a la justicia sin revictimización, perspectiva de género en la investigación penal, políticas de prevención y educación— con propuestas técnicas sustentadas y con presión social sostenida.
* Permanecer firmes significa sostener redes comunitarias y organizaciones que acompañan, contienen y hacen visible lo invisible. Esa trama es la que traduce estadísticas en apoyo real.
* Permanecer firmes implica también cuidar la memoria: recordar a las víctimas, documentar patrones, hacer veeduría sobre el cumplimiento de las órdenes judiciales y no permitir que la lentitud procesal sea sinónimo de olvido.
Hablar con corazón militante es reconocer la contradicción: no celebramos lo que todavía duele; celebramos la fuerza colectiva que nos permite seguir exigiendo transformaciones. No hay celebración sin memoria ni memoria sin justicia. No hay justicia sin transformaciones estructurales que ataquen las causas profundas: desigualdades económicas, roles de cuidado no distribuidos, mitos de la masculinidad hegemónica y falencias en los sistemas de protección.
La igualdad se construye con medidas —leyes, presupuesto, formación profesional, protocolos efectivos— y con presencia social constante. Cada centímetro de igualdad cuesta trabajo, organización y voluntad política. Ningún avance es irreversible si no lo defendemos.
Por eso, el 8M nos convoca a redoblar esfuerzos técnicos y comunitarios: a sostener a las sobrevivientes, a denunciar los vacíos, a exigir políticas públicas con perspectiva de género y a no dejar que las cifras queden en una estadística más.
No es una fecha para festejar; es una fecha para reafirmar la obligación de transformar la realidad.
Desde ALFA y la comunidad que nos acompaña reafirmamos el compromiso de lucha que nos caracteriza y permanecemos firmes pero en movímiento en esta búsqueda.





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