
Así como deben repudiarse las intromisiones revictimizantes que se ejercen en ámbitos familiares, educativos, policiales o judiciales sobre las personas que han sufrido un hecho delictivo degradante y traumático, del mismo modo no podemos dejar de repudiar las prácticas revictimizantes que se ejercen desde los medios de comunicación cuando, en aras de lograr mayor repercusión en casos sensibles (como los relativos a la violencia sexual), terminan generando un grave daño a la víctima o a su entorno, daño que se amplifica en razón del alcance que pueden tener los medios.
La libertad de expresión en ningún caso otorga el derecho a afectar la intimidad o la dignidad personal de las víctimas de delitos (derechos que se encuentran resguardados en leyes nacionales tales como la 26.061, la 26.485 o la 27.372), máxime cuando se trata de delitos que han significado un serio desmedro personal y una afectación psicológica.
La irresponsabilidad expresada en un título sensacionalista, en una descripción de detalles degradantes con el solo fin de incrementar el morbo, el suministro de datos que permiten identificar a la víctima o su entorno (aun cuando no se mencionen nombres), constituyen nuevas formas de revictimización, teniendo en cuenta que las noticias de amplia circulación despiertan a su vez comentarios y posteos que muchas veces incrementan la violencia y la exposición de la víctima. Aún más repudiable es el hecho de que este tipo de noticias se promueven sin siquiera haber consultado con la víctima y sin conocer el estado en el que se encuentra.
Los medios de comunicación tienen una responsabilidad social y habiendo tomado conocimiento de publicaciones revictimizantes de parte de medios irresponsables, que afectan a víctimas y sobrevivientes de violencia sexual (publicaciones que no detallamos para no contribuir a darle mayor difusión a las mismas) es que, desde el Centro Comunitario ALFA, hacemos expreso nuestro repudio a este tipo de prácticas y aprovechamos para señalar algunas de las RECOMENDACIONES PARA EL ABORDAJE RESPONSABLE DE LA VIOLENCIA SEXUAL HACIA LAS MUJERES EN LOS MEDIOS AUDIOVISUALES elaboradas por la Defensoría del Público.
Entre ellas tenemos la de “Evitar difundir datos y otras circunstancias personales de la mujer en situación de violencia sexual para respetar sus derechos a la intimidad, la dignidad y a la imagen. Recordar que el nombre, una fotografía, la voz, datos sobre domicilio o lugar de trabajo, entrevistas a familiares o vecinos/as, etc. permiten identificar a una persona” (Rec. 4°).
Como bien refiere la Defensoría: “Además de una vulneración de la intimidad, la difusión de estos datos puede poner nuevamente en riesgo a la mujer o a su entorno, exponiéndolos a represalias”.
En igual sentido sostiene la recomendación citada que: “La divulgación de esta información, junto con el relato de las vejaciones puede, a su vez, provocar la revictimización de quien las padeció, situación que frecuentemente deriva en la retractación de la denuncia, lo que impide la investigación judicial, identificación y juzgamiento del agresor. Además, puede exponer a la mujer a situaciones de estigmatización y discriminación, en particular en ámbitos en los que ha decidido no dar a conocer que ha sufrido violencia sexual”.
Por ello, en forma concordante señala la 5° recomendación que: “Antes de realizar una entrevista pública es recomendable explicitar los alcances e implicancias que puede traer aparejada la exposición o la mediatización de los hechos”.
Es imposible que se cumpla esto cuando no se requiere autorización de la víctima en primer lugar. Y aun en el caso de que este fuera otorgado, la aludida recomendación obliga a que, aun así, se respeten el derecho a la contención, al respeto y a la debida escucha (entre otros).
Fundamentalmente no debe olvidarse que la finalidad de la difusión de este tipo de noticias no puede ser sino el de “la prevención, la sensibilización individual y colectiva sobre la problemática, evitando banalizarla presentando los casos de manera espectacularizada y/o morbosa” (Rec. 6°).
Por ello debemos repudiar todas aquellas coberturas que, lejos de importarle el bienestar de la víctima y la concientización social sobre la problemática, solo buscan lucrar u obtener público, haciendo un circo o un espectáculo de un hecho sumamente doloroso y traumático.
Cuidar a la víctima es también cuidar a su entorno y todas aquellas personas cuyo ataque o exposición importa una afectación indirecta a la misma víctima.
Por su parte la 7° recomendación nos recuerda que: “la violencia sexual es una circunstancia traumática particular en la vida de las personas, de la que pueden recuperarse con la asistencia y contención adecuadas Se recomienda por ello evitar consideraciones que cuestionen o nieguen esta posibilidad ya que esto tiene un impacto alto en la víctima y su contexto (afirmaciones como «para las víctimas de abuso sexual hay un antes y un después», «de eso no se vuelve» o «lo que sufrió le arruinó la vida»). Del mismo modo, evitar «responsabilizar» a la víctima por la violencia vivida en base a información sobre su estado psíquico, condición social, hábitos o situación familiar, entre otras”.
No permitamos difusión de noticias que exponen o degradan a la víctima y a su entorno; denunciarlas es también una forma de combatir la revictimización. El morbo no es preventivo, no es terapéutico, es solo otra forma de alimentar la violencia.




Acá en mi Pueblo Animaná la gente tiene miedo y a la vez vergüenza xq si hacemos denuncia los mismos policías son los q se encargan de salir a contar a sus mismos familiares que no son discretos y gente cercanas a ellos. La gente se calla por vergüenza o el que dirán justamente por eso . Y peor si la víctimas con menores de edad una madre calla para que su hija o hijo no ande en boca de todo el pueblo