
El 30 de Noviembre de este año, un joven de San Agustin, fue conducido a la comisaria de la zona en contra de su voluntad, mientras era seguido por su madre quien iba filmando como lo llevaban. Luego del ingreso del joven, la madre escucha gritos de su hijo desde adentro de la comisaria y, luego de un breve lapso de tiempo observa a su hijo salir arrastrado por efectivos policiales con la cara completamente hinchada como producto evidente de una golpiza, al punto que ni siquiera podía abrir los ojos de la hinchazón. Evidenciaba, además, cortes en el rostro.
La madre del joven pudo filmar el estado de su hijo cuando ingresó de la dependencia policial y el estado en el que salió, quedando registrada la notoria diferencia entre un momento y otro.
Desde ALFA intervenimos en la asistencia legal del joven y gracias a las filmaciones de su madre se pudo identificar el rostro de cada uno de los policías que actuaron en la agresión, lográndose actualmente la imputación penal de los mismos por el delito de vejaciones calificadas por el uso de la violencia.
Si bien se trata de un avance importante en esta causa, lamentablemente no es lo que siempre sucede. Es que un problema recurrente en las causas de violencia y abuso policial suele ser la dificultad de las victimas para poder identificar al personal que ejerció el daño, lo cual obstaculiza la investigación penal y favorece la impunidad de los procedimientos arbitrarios, ilegales y violentos.
Esto sucede porque muchas veces el personal policial que actúa en los procedimientos no lleva la identificación de modo visible, además de lo cual suele ser una práctica común y nada casual que, en los operativos de mayor uso de la fuerza y despliegue de violencia, los uniformados lleven la cara cubierta.
No es casual, por ello, que las estadísticas oficiales señalen que el 40% de las causas de abuso policial terminen siendo archivadas, siendo evidente que una de las principales razones es la imposibilidad de identificar a los efectivos intervinientes.
Repudiamos la práctica cobarde de aquellos efectivos que no dan la cara por los hechos que realizan pero, más aun, la tolerancia y la inacción del Estado frente a este modus operandi. Porque finalmente quien no da la cara frente a las victimas de la violencia policial termina siendo el Estado.